Lic. Daniel Bartolacci
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ABUSO SEXUAL
En el diario Clarín del día domingo 14 de Junio al leer las declaraciones del Criminólogo Español Borja Mapelli Caffarena y su postura sobre los agresores sexuales.
El texto es el siguiente:
"El Derecho Penal tiene un grave problema cuando se
enfrenta a una tipología como la de los violadores que, se sabe, reinciden
en un alto grado cuando terminan de cumplir una pena". Borja Mapelli
Caffarena, director del Instituto de Criminología de la Universidad de
Sevilla (España), pone las cartas sobre la mesa rápidamente.
Entrevistado por Clarín vía telefónica, este especialista (uno de los más
importantes en temas penales y penitenciarios de habla hispana) sostiene que
la pregunta sobre qué se debe o puede hacer con los delincuentes sexuales
está en pleno debate a nivel mundial. Sin embargo, aún no tiene una
respuesta clara ni mucho menos uniforme.
"Si una persona es inimputable se le impone una medida de seguridad, se la
interna y no puede salir hasta que deja de ser peligrosa para la sociedad.
Si es imputable, se la condena para que cumpla un determinado tiempo en la
cárcel. Pero, ante los violadores -que una vez en libertad representan
muchas veces un riesgo- el planteo no es tan sencillo", agrega el
catedrádico.
Entonces plantea otra pregunta importante: "¿El Derecho Penal está
habilitado para prolongar el control sobre una persona que ya cumplió con la
condena impuesta, aunque esta persona siga representando un riesgo
potencial".
Las respuestas siguen sin ser sencillas. Para Mapelli Caffarena, "es un
hecho que sin un tratamiento adecuado, un violador representa un riesgo.
Pero, en mi opinión, es un riesgo que hay que asumir. Me parece más
peligroso impulsar normas que puedan terminar creando ciudadanos de primera
y ciudadanos de segunda. Porque empezamos con los violadores pero nunca
sabemos donde terminamos ".
De acuerdo a su planteo, el Estado debe asumir el riesgo y minimizarlo
aplicando un eficiente sistema de control policial post carcelario (no
eterno) y un completo tratamiento psicológico extra muros. "Ante todo, el
Derecho Penal debe respetar al ser humano, su dignidad, aunque se trate de
una persona que aborrecemos, como un violador", sostiene Mapelli Caffarena.
Por tal razón, el experto español se opone a medidas como la castración
química o quirúrgica y a la imposición de penas perpetuas.
El tema del tratamiento es otro de los puntos clave cuando se habla de
ofensores sexuales, ya que muchas líneas de pensamiento, entre ellas buena
parte del psicoanálisis, los consideran irrecuperables.
En este punto, cuenta Mapelli Caffarena, las experiencias más interesantes
se están desarrollando en los Estados Unidos a través de terapias
conductuales/cognitivas: "Los especialistas apuntan a trabajar con las
víctimas para que los agresores se pongan en el lugar de las personas que
atacaron. Se trata de modificar las conductas a través de la empatía."
Este tratamiento se completa con un novedoso sistema de control, similar
(pero más sofisticado) a las pulseras electrónicas usadas en la Provincia de
Buenos Aires. "Consiste en una pulsera, que hasta se puede disimular como un
reloj -explica Mapelli Caffarena-. Esta analiza los cambios químicos de la
persona y, en base a eso, detecta cuando el individuo que la lleva está
apunto de concretar un acto violento".
En uno de sus párrafos se puede leer que propone que el estado debe asumir el riesgo y dejarlos libres con control policial y aplicando terapias psicológicas. La primera objeción es que este señor no conoce la estructura perversa que es el caso de la mayoría de estos agresores, que quiero decir con esto, que la estructura perversa no se modifica, el violador viola, es su saber hacer con ese goce que no va a querer resignar.
Después nos dice que el estado se tiene que arriesgar, la pregunta es ¿a que?...
En otro párrafo nos dice que las terapias cognitivas que se desarrollan en EEUU. se apunta a que el agresor se coloque en lugar de la víctima y logre modificar su conducta a través de la empatía. Este punto es clave, esto es desconocer la estructura perversa y concebir al ser humano como un puro organismo del arco reflejo, es decir le damos un estímulo y obtenemos una respuesta en este caso que deje de agredir por la "empatía".
Desde el psicoanálisis concebimos al ser humano dividido por la estructura del lenguaje, donde el significante lo recorta, lo divide y su organismo pierde esa naturalidad y ese puro instinto. Con esto quiero decir que el goce que experimenta el agresor no se puede cuantificar, ni medir, menos pretender querer, curar algo que primero no se puede por estructura y segundo con una supuesta visión romántica de un ser humano que nace bueno y puro y que uno lo puede corregir con simples supuestos teóricos que no coinciden con lo expuesto con anterioridad.